03/09/2026
Arranca una nueva temporada de La Semilla dedicada a la creación. El devocional de John Stott sobre Génesis 1:1 —«La iniciativa del Creador»— explica por qué Dios nunca llega tarde a nada, y por qué el primer capítulo de la Biblia no compite con la ciencia.
<strong>La Semilla empieza este jueves una temporada nueva y lo hace por donde empieza todo. El Pr. Lucho comparte el devocional de John Stott titulado «La iniciativa del Creador», sobre el primer versículo de la Biblia: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1, RVR1960). Después de haber llegado a la culminación de la historia —el encuentro de Dios con su pueblo en una relación plena y gloriosa para toda la eternidad—, el devocional retrocede para hacerse la pregunta de fondo: ¿cómo había comenzado todo?
Ideas clave

La pregunta que abre la reflexión no es menor: ¿por qué Dios tuvo que trazar ese plan de rescatarnos del mal y destruir a Satanás mediante la muerte y la resurrección de Cristo? La respuesta obliga a volver al arranque, porque todo comenzó en el principio.
Y ahí está la primera afirmación fuerte del devocional: las cinco primeras palabras de la Biblia, «en el principio creó Dios», son un comienzo imprescindible para la obra completa. No son un preámbulo decorativo; sin ellas no se sostiene lo que viene detrás.
Nos advierten, dice Stott, de que nunca podemos anticiparnos a Dios ni tomarlo por sorpresa, y de que tampoco está improvisando su plan eterno.
El Pr. Lucho se detiene en ese punto porque es el que toca la vida de cualquiera que escuche: se trata de un plan trazado en la eternidad, antes de que nada existiera. Nada le pilló por sorpresa y no fue improvisando sobre la marcha para ver qué hacía con lo que nosotros habíamos hecho desobedeciendo su voluntad.
De ahí la formulación que resume el título del devocional: Él siempre estará en el comienzo, y la iniciativa siempre la tiene Él. No es una frase piadosa, es una descripción de cómo funciona la relación entre Dios y el hombre en toda la Escritura.
Y eso es especialmente así en cuanto a la creación. Los cristianos creemos que, cuando Dios comenzó su obra creadora, no existía nada sino Él. Solo Él estaba en el comienzo; solo Él es eterno. La reflexión insiste en que es una declaración de primer orden: solo hay eternidad en Dios.
El devocional llama la atención sobre el enfoque teocéntrico de la narración de Génesis 1. No hace falta forzar la lectura para verlo: basta con mirar la gramática del capítulo.
Dios es el sujeto de casi todos los verbos. La expresión «dijo Dios» aparece diez veces, y «vio Dios que era bueno», siete. El relato no está construido alrededor del mundo ni del hombre, sino alrededor de quien lo hace todo.

Llega entonces el tramo que más alivio produce a mucha gente de fe que se ha sentido obligada a escoger bando. Stott lo dice sin rodeos: no necesitamos optar entre Génesis 1 y la cosmología o la astrofísica contemporáneas.
La razón es sencilla, y es una cuestión de género literario antes que de datos. Dios nunca tuvo la intención de que la Biblia fuera un tratado científico. Más aún: para el lector debería resultar evidente que el primer capítulo del Génesis es un poema hermoso y de gran riqueza estilística.
Ambos relatos de la creación, el científico y el poético, son veraces —concluye el devocional—, pero se ofrecen desde perspectivas diferentes y son complementarios entre sí. No compiten por el mismo terreno.
La última parte de la reflexión matiza una palabra que repetimos sin pensarla. Cuando el Credo de los Apóstoles declara nuestra creencia en «Dios Padre Todopoderoso», no se refiere tanto a su omnipotencia como al control que ejerce sobre todo lo que creó.
Él sostiene su creación. Es inmanente a su mundo: mantiene, anima y ordena todas las cosas, y el aliento de todas las criaturas vivientes está en su mano. Él hace que el sol alumbre y que llueva, alimenta a las aves y viste a las flores. Es poesía —repite el Pr. Lucho—, pero es verdad.
«No necesitamos optar entre Génesis 1 y la cosmología contemporánea: ambos relatos son veraces, pero se ofrecen desde perspectivas diferentes y son complementarios entre sí.»

La conclusión es práctica y doméstica, que es donde suele aterrizar Stott. Si las cosas son así, resulta sabio que las iglesias celebren un servicio anual de acción de gracias y que los cristianos agradezcan los alimentos antes de comer.
No es un formalismo ni una costumbre heredada: es apropiado y conveniente que de forma habitual reconozcamos nuestra dependencia del fiel creador y sustentador de nuestra vida y de todas las cosas.
Referencias
Temas La Semilla · John Stott · Génesis · creación · ciencia y fe · acción de gracias
Sobre el autorPr. Lucho —Luis E. Panduro— dirige y presenta El pulso de la vida, el magacín matinal de Dynamis Radio (lunes a viernes, de 8:00 a 11:00 h): tres horas diarias de noticias, entrevistas y reflexión bíblica en directo. Periodista formado en la Universidad San Martín de Porres, en su Perú natal, es un apasionado de la Escritura y de su trasfondo histórico, y suele leer en voz alta a los grandes autores buscando en sus páginas el rastro de Dios. Es además fundador y pastor de la iglesia Fuente de Agua Viva, en Pinto (Madrid), que dirige junto a su mujer, la Pra. Anggelina Ugaz.