03/06/2026
Colombia afronta el 21 de junio una segunda vuelta presidencial entre Iván Cepeda, que recogería el testigo del petrismo, y Abelardo de la Espriella, que parte con una ligera ventaja —43% frente al 40% en primera vuelta—. En su análisis semanal con Pedro Tarquis, César Vidal sostiene que el resultado era el esperado: el uribismo no logró resucitar y la disputa quedó entre la continuidad de la izquierda y una derecha situada a la derecha del centroderecha, a la que sin embargo considera injusto etiquetar de "ultra".
Vidal rechaza el saco común en el que suele meterse a todo candidato que no sea de izquierda. "No son en absoluto grupos de extrema derecha; son grupos de una derecha que quieren mantener la bandera de determinados valores, sobre todo vida y familia", explica. A su juicio, esa fragmentación nace del fracaso del centroderecha, que "ha sido tibio a la hora de defender cuestiones importantes" y ha aceptado la agenda globalista "a una velocidad vertiginosa", abandonando los temas que más afectan a la gente de la calle: impuestos, inseguridad ciudadana, familia y empleo.
El historiador reconoce a De la Espriella en torno a un 60% de posibilidades de ganar, pero advierte de sus debilidades. La primera, el escaso contenido social de su propuesta: enfatiza con razón la seguridad —Colombia sigue arrastrando terrorismo, guerrilla y delincuencia—, pero queda "bastante cojo" en cobertura social y, sobre todo, en educación. La segunda, una política exterior "centrada en los Estados Unidos y en Israel" y una tendencia a entregar las riquezas nacionales a las transnacionales. "Hacer girar la política de un país de Hispanoamérica en torno a Israel me parece un delirio absoluto", afirma, y avisa: si gana, esa deriva acabará devolviendo el poder a la izquierda "a la vuelta de unos años", como ya ocurre en Bolivia, Argentina, Ecuador o Chile. El golpe de péndulo, recuerda, no resuelve los problemas de fondo de la región.
La parte más sustanciosa de la conversación apunta al creciente peso electoral de los evangélicos en Hispanoamérica. Diluidos los partidos de inspiración evangélica —como Colombia Justa Libre—, el voto se ha desplazado hacia los candidatos que se comprometen con la familia y la vida. Vidal lo entiende, pero lanza una advertencia: "La vida de una nación no gira única y exclusivamente en torno a temas de familia y vida, que para mí son importantísimos, irrenunciables, pero no son únicos". Echa en falta banderas como la educación, la sanidad digna, las condiciones de trabajo o la atención a ancianos y enfermos —"un país rico que carece de educación está condenado a ser un país pobre"—, y pone como ejemplo de mirada amplia el trabajo legislativo de Milagros Jáuregui en Perú. Su conclusión es un llamado a la prudencia y al discernimiento: que el pueblo evangélico no se reduzca a la contra, abra el abanico de lo que puede ofrecer a la sociedad y sea "sal y luz" en todas las áreas, empezando por la propia familia. Un espacio de actualidad dentro de El pulso de la vida.